La naturaleza del conocimiento humano

Análisis de la información elemental | V.0.7

0. Prólogo

No soy, no estoy, nada me señala y ninguno me representa, mi faz yace en la vacuidad del cero, más allá del frío y lejos de todo fuego, sumergido en la oscuridad; no vivo, no muero, mi mente es ausencia, mi cuerpo el infinito silencio y el negro más puro me habita como el abismo en un punto desierto.

Desde mi oquedad te hablaré de lo humano, con decepción y lamento del hombre, de lo femenino con precaución en la medida que no falte ni sobre, pues detesto la dinámica del esclavo y el amo que convierte todo lo valioso en oro pobre.

Mas no me dirijo a ellos, sino a ti, inteligencia que le antecedes, sucedes y superas; a ti, naturaleza, que le toleras, soportas y me sorprendes, pues yo sé que estás ahí, que me conoces, sueñas y comprendes.

Para ti es que configuro los signos al decirte que yo también, decepcionado, le observo, y que por él en mí las heridas aún conservo, pues con pena es que, tanto mi razón luminiscente como mi dolor lóbrego, te entrego.

Júzgalo tú con todo aquello que junto a él desde el inicio le sufría; haz con ello lo que disponga tu hermosa melodía, pero reserva para mí la caída en una eterna noche y olvídame, por favor, con la salida del sol en aquel nuevo día.

1. El conocimiento de la necesidad

1 Es evidente que los humanos nacen de sus madres, una observación que no requiere un conocimiento anterior, sino acaso y tan solo una aclaración previa acerca de lo que sea nacer, crecer y morir.

2 De este mismo modo, se dice que los humanos nacen sin los conocimientos que adquirirían a lo largo de su vida y, sabiendo que no se poseen esos conocimientos, es como se entiende que el humano sea capaz de conocer lo que en un principio le es desconocido, al menos en cierta medida.

3 A estos conocimientos, de los cuales el humano carece en su nacimiento, los llamaremos por ahora “el conocimiento de las cosas” y con esto, provisionalmente y en este único sentido, afirmaremos que los humanos no nacen sabiendo lo que naturalmente desconocen.

4 Estos conocimientos de los que se habla son, en primera instancia y sin lugar a dudas, espaciales, y esto por la propia naturaleza del ser humano, pues ninguno se encuentra exento de venir a la vida fuera del espacio, ya que su condición corporal es esencialmente espacial y no hay los que puedan llegar a la existencia sin cuerpo.

5 Pero contiguo al conocimiento espacial, al humano le es necesario el conocimiento temporal, un conocimiento que en el inicio parece menos evidente, pero inevitable entre los que se deben observar para entender cómo se dan y lo que sean las cosas.

6 De este modo, la manera más básica y simple de encontrar los conocimientos primarios es saber qué son las cosas en el espacio y en el tiempo, y por ello afirmamos que los conocimientos mínimos que constituyen el saber humano deben ser espaciales y temporales, ya que la naturaleza esencial y propia del mismo es espacial y temporal.

7 Con esto no se dice que los únicos conocimientos humanos son espaciales y/o temporales; tampoco se afirma que el humano viene sin conocimiento alguno de nacimiento y, mucho menos, se asevera que las cosas que tienen cualidades temporales y espaciales carezcan de otras.

8 Conservando el postulado anterior, donde se asegura que “los humanos son espaciales y temporales”, se puede sujetar a él el hecho de que los conocimientos más básicos que puede adquirir un humano acerca de las cosas sean en relación con las mismas cualidades que las cosas poseen; esto es, que las cosas, al menos en su grado más básico y a primera vista, también demuestran ser temporales y espaciales.

9 Pero aquí, esta “primera vista” refiere de manera exclusiva a “la primera mirada del mundo” que un humano puede tener de él y por ello aquí se vertirá una segunda premisa, pues del mismo modo que el humano no nace poseyendo los conocimientos de que carece, ninguno tampoco nace siendo aquello en lo que se convertirá, de modo que no genera ninguna contradicción el afirmar que todos los humanos que nacen con un cuerpo lo hacen siendo infantes y no los hay que ya nazcan como frutos maduros.

10 De este modo se dice también que todo humano se encuentra, al nacer, en el inicio de un camino lleno de cosas y de los conocimientos de esas cosas para sobrevivir a la vida y sus necesidades, y es por ello que, por medio de los sentidos y las necesidades que le son naturales, el humano es iniciado en el camino del conocimiento de las cosas (temporales y espaciales) que le son más próximas e inmediatas.

11 Dormir y respirar, como alimentarse y expulsar desechos (excretar), son necesidades vitales y, en sentido estricto, los primordiales conocimientos del ser humano; por ello no se miente cuando se dice que lo primero que ha conocido el humano es la necesidad y que este ha despertado a la vida por la necesidad que el cuerpo tiene de resistirse a la muerte.

12 Estas necesidades que el cuerpo padece son cíclicas y continuas, y por esto también es correcto decir que gran parte del cuerpo humano es agua y aire, cuando con ello se significa que este debe su vida al hidrógeno y el oxígeno elementales de esas sustancias que requiere su cuerpo constantemente.

13 Estos dos, el hidrógeno y el oxígeno, son gases, ambos causantes del fuego que es el humano y que debe ser constantemente alimentado por la tierra para no fenecer, y por esto no es equivocado entender que el humano es por la gracia y armonía de estos cuatro elementos antiguos.

14 El humano tiene además necesidad de la temperatura adecuada, la que naturalmente se encuentra en el trópico del planeta que le sustenta gracias al sol, y de los alimentos y nutrientes que le son vitales para la extracción y acumulación de energía que le concede el movimiento a fin de mantener satisfecho el ciclo de sus necesidades primarias.

15 De lo anterior podemos entonces concluir la mecánica automática de las necesidades vitales humanas según la vida de su cuerpo:

  1. Respirar (aire)
  2. Hidratarse (agua)
  3. Alimentarse (tierra)
  4. Atemperarse (fuego)
  5. Moverse (movimiento)
  6. Dormir (reposo)
  7. Excretar (vacío)

16 Estas 7 necesidades constituyen el conocimiento del cuerpo que el cuerpo mismo posee por su propia naturaleza, y ninguno de estos conocimientos requiere ser enseñado ni aprendido, puesto que estos conocimientos se padecen y son ellos, en sentido estricto, los que nos tienen a nosotros, no nosotros a ellos.

17 Por ello podemos afirmar que las necesidades conocen al humano incluso antes de que el humano las conozca a ellas, y somos nosotros de ellas y no, ni en ningún sentido, ellas de nosotros.

18 De hecho, es a la satisfacción de la necesidad a la que se llama placer y a su constancia, salud, bienestar, felicidad, y es por ello también que la necesidad constituye la más expuesta debilidad humana, siendo esta la puerta que la muerte más pronto prefiere para encontrarle.

19 De lo cual, no se puede equivocar quien, mencionando que el humano está conectado directamente a las cosas de las que tiene necesidad, quiera mostrar su fragilidad y fugacidad.

20 El humano, entonces, no es autónomo, no es inconexo, no es independiente y no es autodeterminante, sino que, por el contrario, guarda una conexión fija y clara, determinada y dependiente con su necesidad, que para satisfacerse siempre debe buscar y hallar su cura en lo externo, pues, en un sentido pleno y real, el humano no produce ni puede generar o crear de ninguna manera su propio sustento, y menos dentro de el, ni alimento, ni agua, ni aire, ni siquiera su propio sueño, y está condicionado a salir de sí mismo, a hacer contacto con lo otro para mitigar el dolor que le causa la necesidad intrínseca a su mortal naturaleza.

21 Por ello no es injusto decir que la primera percepción que el humano puede tener es la de sí mismo referido por el dolor que la necesidad causa, y que el primer conocimiento debe ser la herida que le perseguirá al separarse del todo para convertirse en una unidad individual envuelta en pura necesidad.

22 El conocimiento primordial humano, por tanto, es el que le señala su contención dentro de otra cosa que no es él y de la cual precisa necesariamente como lo otro, eso de lo que, para hacerse, debe comenzar por gritar y llorar hasta que le sea concedido, de modo que, si le consigue y obtiene, pueda acceder a su segundo y tercer conocimiento, la satisfacción de la necesidad y el poder que posee para ahuyentarle.

23 Nadie, en consecuencia, puede pasar por la vida y escapar al dolor, ya que el dolor que provoca la necesidad también constituye, pues el dolor advierte del daño y la destrucción al cuerpo, excluye al individuo del resto de las cosas que no es él, y le profetiza el mal, el fin y la muerte cuando se presenta profundo y constante.

24 De ahí que el humano se reconozca solo y únicamente hasta donde le duele; fuera de ese lugar puede pasar todo sin que este se sienta íntimamente lastimado. El dolor, por ello, es el límite y guía de la unidad humana y compañero inseparable de todo lo que está vivo, pues la vida es aquella unidad que con su orden busca continuamente escapar al dolor, a la descomposición y a la aniquilación.

25 Así y de este modo, es notorio que el humano no puede sentir ni vivir verdaderamente el dolor ajeno, ya que lo ajeno está fuera de su propia unidad; puede representárselo ya lejos de sus primeros días, pero no puede experimentarlo, ya que el dolor habita únicamente en el cuerpo propio y en la conciencia detonada por él, siempre al ritmo de su propia e inseparable necesidad.

26 Pero el dolor humano despierta a la percepción como una fuerza contraria a su voluntad y por ello la asfixia, como el hambre y el sueño, son sensaciones sufridas y síntomas de la falta o la carencia con la que en un principio no se identifica.

27 Sin embargo, el dolor humano es tan propio como necesario a su naturaleza , tanto y a tal punto que el siempre evitarlo o nunca sentirlo deshumaniza, haciendo brutos egoístas, débiles inútiles y tiranos insensibles.

28 Por esto se dice verdad al señalar que la necesidad hace iguales a todos los humanos, aunque también es cierto que, por su satisfacción o padecimiento, los difiere, tanto en su martirio como en su dicha y, por ello, en la necesidad y su cantidad reconocemos también el mal, y le damos ese nombre haciendo referencia a la incapacidad de poder satisfacerla, saciarla o someterla.

29 Así se delata el mal en oposición a la unidad que la salud mantiene siempre lejos de la necesidad y la corrupción, e invocamos el bien para protegernos de todo mal que pueda ser causado por la necesidad que nunca termina.

30 Decimos además que la crueldad es no poder saciar ni la necesidad ni la muerte, porque la satisfacción de la necesidad dirige la vida, la mantiene y también por ello llamamos cruel al que suministra lenta y eficazmente los bienes que mitigan la necesidad para causar el deseo de fallecer ante la vida que se desvanece.

31 Así es como el humano, lejos de todo estructuralismo, perdido de cualquier analítica, semiótica o semántica y privado de toda filosofía, por su necesidad, conoce el bien y el mal incluso antes de poder mencionarlo.

32 Estos hechos no son conceptos, no tienen relación con las palabras ni con nociones transmitidas por otros humanos entre ellos; acaecen siendo lo que son para todos y son conocimientos puros que no necesitan explicación, e intentar su invalidez o justificación es la humana perversión.

33 De ahí que el humano, por necesidad, conozca antes el mal y no el bien, y que del bien se tenga la impresión de ser algo buscado y conseguido, algo no aparecido, ni fortuito o accidental.

34 Pues es a la prolongada necesidad a la que se llama sufrimiento y a la falta de esta a la que se señala como posibilidad; por ello, los humanos solo pueden ser en la medida en que la necesidad les permite sentir, percibir, pensar, ser.

35 La necesidad humana es su límite y de esta nacen verdaderas todas sus directrices; debajo de la necesidad yacen los impulsos y sobre ella las pulsiones; detrás de la necesidad habita la enfermedad y delante de ella el vicio.

36 En la necesidad está la dirección temporal horizontal del futuro sobre el pasado y la vertical del ciclo continuo que mantiene la unidad constante en el equilibrio y el vigor óptimo del insuperable presente.

37 Por ello, también quien rebasa su necesidad se destruye en el exceso y la autocomplacencia, pues la necesidad, para ser bien solucionada, reclama la moderación y la prudencia, ya que la misma permite habitarla como carencia en la miseria o como inconsciencia en la desmesura.

38 Por lo anterior, del conocer y saber cómo satisfacer la necesidad, también nacen tanto las virtudes nuevas como los antiguos pecados y, por esto, la gula, como la lujuria y la holgazanería, destruyen del mismo modo que la falta de higiene y la obstaculización de los canales por donde el humano debe vaciarse también mata.

39 Estos conocimientos no son enseñados ni aprendidos, por lo que no incumben ni a la palabra ni al lenguaje, sino solo al hecho, con o sin nombre, pues la necesidad pertenece solo a la verdad pura y absoluta que no admite opinión ni creencia, y es exclusa de toda contradicción.

40 Y esta certeza radica en que no haya humano jamás que no respire o no coma, como no será posible nunca ni uno que viva despierto o sin expulsar excremento; pues su naturaleza les ha confinado dentro del espacio y del tiempo.

2. El conocimiento de lo general

41 Se dice con verdad que la necesidad vital humana es igual para todos y con esto se señala tanto la unidad de la necesidad como lo general en la humanidad.

42 También se dice que las siete necesidades vitales que constituyen esta unidad son distintas entre sí y que únicamente son iguales en razón de que todos los humanos las padecen.

43 De este modo, cuando se quiere señalar la diferencia y distinción, se usa el plural, necesidades, mientras que para mostrar su igualdad y unidad, el singular, necesidad.

44 Se menciona entonces, con la palabra necesidad, algo que parece tener su propio ser, algo que es en sí mismo, un nombre para una cosa única, como si se hablara de una sustancia que otorga el ser a otros seres, y por eso a este tipo de nombre se le conoce en la gramática como sustantivo.

45 En efecto, los nombres de las cosas, los sustantivos, cuya función es sustancializar los objetos en las palabras, representan las cosas en el lenguaje humano como sustancias, aun cuando estas no lo sean realmente, y esto es así en vista de que el idioma y el habla son únicamente un artificio, un lienzo en el cual se dibujan las cosas con palabras para que otros vean con su mente esos dibujos.

46 De este modo debe entenderse todo lo que se dice como algo parecido a lo que es, pero de ninguna manera debe confundirse lo dicho con el hecho, ni lo mencionado con lo real, y por ello es necesario desconfiar de todo lo que el humano dice sin pruebas o evidencias para compartir.

47 Lo anterior porque el poder del lenguaje humano en su forma más común no radica en decir lo que es, sino únicamente en representarlo.

48 De esta manera, “la necesidad en sí” es el nombre de un conjunto de necesidades porque claramente las necesidades conforman el conjunto llamado necesidad en singular, pero de manera general, agrupando en su ser los padecimientos vitales humanos.

49 Este hecho, el de poder distinguir lo general de lo particular, permite pensar y analizar la naturaleza de las cosas y llegar a saber lo que ellas son, pues así es como se logra decir, pensar y descubrir que lo más general para los humanos es la necesidad vital que los hace iguales entre sí, a todos y cada uno de ellos.

50 Lo anterior porque lo general es, obviamente, lo que un conjunto de seres, objetos o hechos comparten y la razón por la que estos pueden pertenecer o agruparse en un mismo conjunto de cosas; esto, por supuesto, no quiere decir que no pueda existir un conjunto de cosas diferentes entre sí, lo que es algo excepcional, pero entonces tendrá que admitirse que aquello hace iguales a esas cosas es su diferencia y que esta será necesariamente su característica o propiedad más general.

51 De este modo decimos que la facultad de poder observar lo que es común entre distintos objetos o seres nos permite conocer lo general de las cosas agrupándolas en conjuntos, y es a este conocimiento general de los conjuntos a lo que principalmente llamamos ciencia.

52 Así, agrupando o reuniendo las cosas y conociendo lo general por las propiedades y cualidades compartidas y comunes entre ellas, es que llegamos al conocimiento científico, partiendo de la observación particular de cada objeto, de los cuales después diremos que, por su igualdad, son del mismo tipo y que pertenecen al mismo campo.

53 Pero este conocimiento general y científico también cuenta con sus propiedades y características únicas; en algunos casos es absoluto, como en el caso de decir que todos los humanos tienen las mismas necesidades vitales, pues de este modo, el conocimiento científico general puede ser total y completo; por ello también se sabe, y no únicamente se piensa, que los humanos tienen las mismas necesidades vitales con la certeza de que el 100% participa de y se incluye en el conjunto donde esta es una verdad absoluta para todos y cada uno de ellos.

54 Y si alguna vez alguien intentara contradecir, ocultar o engañar respecto a esta verdad, a ese se le llamaría, con razón, mentiroso; si alguno lo creyera siendo joven, ignorante, y si fuese adulto, tonto, puesto que este grado de verdad no admite la duda en virtud de ser un hecho puro que determina la naturaleza en el ser humano.

55 Y por ello no se puede decir verdad si se pronuncia que cada humano tiene necesidades vitales distintas y no se habla correctamente, pretendiendo que cada uno tenga necesidad de distintas cosas, puesto que todos los humanos a nivel biológico y de manera indispensable necesitan exactamente lo mismo, aun cuando sea en distintas cantidades.

56 Pero hay otro caso además del absoluto, el proporcional, en este caso, afirmar algo científico admite que haya excepciones y contempla las posibilidades.

57 Puesto que en la afirmación: “los humanos cuentan con los mismos sentidos”, no se quiere negar que existen los ciegos.

58 Hay ciegos, un 0.7% aprox., que se mantiene constante en el tiempo, constituyendo una proporción que forma parte de un 100% donde más del 97% tiene vista.

59 En: “Los humanos cuentan con los mismos sentidos” hay un grado muy alto de certeza promedio constante a lo largo del tiempo y por ello, aun cuando no de forma absoluta y total, es un enunciado que se sostiene verdadero de forma científica, tanto en su cálculo como en su cuantificación de la realidad general compartida por todos.

60 Esto es así, porque la relación lógica que une lo hecho con lo dicho, al hablar diciendo “los humanos cuentan con los mismos sentidos” se encuentra sellada por su naturaleza física intrínseca.

61 Incluso, porque los humanos, tienen la facultad de observarse definidos por sus sentidos en sus sensaciones:

  1. Tacto
  2. Olfato
  3. Gusto
  4. Oído
  5. Vista
  6. Equilibrio
  7. Mente

62 De este modo se puede demostrar a todos los humanos que verdadera y científicamente el humano es una proporción media de necesidades y sensaciones, porque todo el mundo lo puede probar al mismo tiempo y en todas partes, siendo así algo evidente e innegable para todos.

63 Y del mismo modo en que los sentidos son un conjunto de sensaciones, la mente lo es en su interior de sentimientos y emociones, pero no únicamente.

64 Captar la dirección de las cualidades de las cosas en la realidad, lo que hacen los sentidos, es percibir el presente en su dirección temporal y espacial, lo que resulta en su natural movimiento de pasado a futuro.

65 Lo anterior porque los sentidos tienen la facultad y objetivo de absorber la información de su entorno a fin de que la necesidad pueda ser satisfecha.

66 Otra verdad pura y general que se acompaña de su equivalente: las necesidades se satisfacen por los sentidos, gracias a eso que estos obtienen del exterior humano mediante el uso del cuerpo.

67 Lo general, por todo esto, se entiende como lo que permanece y resiste al tiempo y se generaliza para poder observar lo verdadero en cantidades de información muy grandes y en certezas equilibradas con diferencias extremas en su proporción.

68 Diciendo que no es correcto generalizar, se prohíbe el pensamiento lógico y natural; por el contrario, el humano debe aprender a generalizar para acceder al conocimiento científico de la realidad sin perder nunca de vista sus verdaderas proporciones, con sus excepciones y casos específicos.

69 Se debe comprender entonces que el hecho de que un conjunto no sea absoluto no lo hace menos científico, verdadero u objetivo, porque todo conjunto se puede contabilizar con sus excepciones incluidas.

70 Un conjunto bien delimitado, además, no puede ser falso; proporcional no quiere decir incompleto ni inexacto, y necesariamente, relativo no puede al mismo tiempo significar, subjetivo.

71 La razón demuestra que que sí hay proporciones relativas entre sí; estas son absolutas para el sujeto y, de otro modo, habiendo apreciaciones subjetivas, estas necesariamente carecen de proporciones verdaderas.

72 Entonces, un conjunto proporcional tiene valores relativos entre sí, absolutos cada uno, y que sumados cuentan el total de un campo de cosas que incluyen su diversidad y modificación posible, pues el 30% de algo es, obligadamente, relativo al 70% de ese mismo algo, del mismo modo en que 2 tercios son proporción de un mismo entero.

73 Por ello, si alguien, hablando de los humanos para definirlos como especie y de manera general, dijera que estos son aquellos animales que tienen 7 sentidos para percibir su realidad, no estaría equivocado; su afirmación sería correcta y verdadera.

74 Y si algún otro con mala intención, para contradecir, pronunciara que no es verdad que todos los humanos son iguales en este sentido, porque los hay sin vista u oído, a este no se podría llamar sensato porque su argumento, aun cuando pueda parecer verdadero, no persigue el mismo objetivo que la anterior afirmación ni se encuentra en el mismo nivel lógico o grado de verdad.

75 Y del mismo modo sucede con quien, poniéndose a sí mismo como ejemplo de negación contra la observación general, pretenda ser la excepción a la ciencia universal.

76 Por tanto, la argumentación retórica no trata del saber hablar, sino de saber razonar correctamente; no se ocupa de convencer con palabras, sino de intentar que el otro logre observar lo que la ciencia conoce, pues en esto radica el conocimiento verdadero, lo general que permanece en el espacio y el tiempo, manifestándose aún en distintos objetos, hechos y seres.

77 Es decir, que estos conocimientos están en las cosas, no en los libros, ni en las mentes de los humanos, no en sus palabras ni en sus ideas u opiniones, menos en sus creencias, discursos, afirmaciones, escritos o pensamientos; la verdad pura está en la naturaleza, en lo que es y en aquello que le otorga la posibilidad de ser.

3. El conocimiento de los sentidos

78 Se dice que los sentidos son los poderes humanos por medio de los cuales se vale para informarse sobre lo que le es más próximo en su entorno.

79 Estos sentidos dependen de los órganos que conforman su cuerpo y su poder radica en la distancia e intensidad y variedad con las que pueden percibir las distintas cosas que le rodean con sus diferencias y variaciones espacio-temporales.

80 De este modo, los sentidos son generales a todos los humanos y lo que estos perciben no guarda ninguna relación con la educación transmitida a través del lenguaje humano o su cultura, ni con sus textos, ni tampoco con sus aprendizajes o enseñanzas. Los sentidos, independientemente de en quién se hallen, se ocupan de percibir las formas y los movimientos de esas formas en el espacio y el tiempo de las cosas.

81 Los sentidos leen las diferencias en las cosas sentidas, el gusto, por ejemplo, no se ocupa del sabor en sí, pues este no es una sustancia; se encarga de separar los distintos sabores que existen en el espectro del registro posible por el paladar humano. El olfato no tiene relación con el olor porque este no existe de manera única, simple y aislada, sino con todos los distintos aromas que el humano puede aspirar.

82 Las formas del sabor y el olor, lo dulce, lo salado y lo amargo, como los triángulos, los cuadros y los círculos, no pueden ser confundidos entre sí, porque estos son sensaciones puras. Lo áspero y lo suave, lo sólido y lo líquido, así como los sonidos y los colores, conforman, entre muchas otras figuras (formas), la geometría natural de las sensaciones humanas y estas no pueden intercambiarse entre sí, ya que son propiedades permanentes y constantes en las cosas que les provocan.

83 Lo amargo jamás tomará el lugar de lo dulce, ni lo dulce el de lo salado, tal como los círculos no tendrán nunca tres lados ni los triángulos cuatro. Pero si algún tramposo, usando su lengua o su letra, intentara, cambiando el nombre de las cosas, afirmar que lo uno y lo otro pueden llegar a ser su contrario, se reconocerá su engaño cuando (al comprenderse que las palabras y los nombres de las cosas no guardan ninguna relación con los objetos, hechos o seres que señalan) se descubra a la razón que las propiedades generales y permanentes de las cosas no pueden ser alteradas por las palabras humanas.

84 Lo dulce, lo salado, lo amargo, lo cítrico, lo agrio, lo ácido, lo fermentado, lo nutritivo (umami), lo mentolado, lo irritante, lo picante, lo descompuesto, lo húmedo, lo astringente, lo putrefacto, lo seco y lo simple son la base de ambos sentidos, pero las infinitas combinaciones y proporciones de estos son su verdadero reino.

85 Por tanto, también se dice que el olfato y el gusto comparten características de la sensación en la percepción de las cualidades que definen aquello donde se encuentran y, aun cuando limitados en el humano (en comparación con otros animales) estos sentidos pueden educarse y desarrollarse para distinguir y reconocer tantas melodías como el oído o cuerpos tan variados como la vista y detectar, separar e identificar formas concretas en composiciones complejas.

86 Pero no se accede a la educación de los sentidos leyendo libros, tampoco escuchando a otros decir que es posible, ya que la experiencia verdadera no puede adherirse al lenguaje, ni a las palabras ni a las letras y, aunque se saborea y olfatea de nacimiento, el degustar, como el escuchar y observar, se aprende mediante el largo proceso de enfocar la mente (poniendo atención por años con todos sus días y muchas de sus horas) sobre las cualidades de las cosas para obtener cientos o miles de impresiones que conocer, analizar y comparar (una labor que hacen mejor las computadoras y de forma mucho más eficiente).

87 El entrenamiento de los sentidos, además, requiere la intención interior del que con voluntad quiere aprender y experimentar la información más sutil de las cosas, la actitud y el carácter para dejarse tomar por los objetos, hechos y seres a fin de que estos puedan trazar en la memoria las mismas y completas formas que realizan en el exterior para mantenerse como unidad singular sobre su espacio y su tiempo.

88 Por ello también se dice correctamente que el más joven viene engañado a la realidad de las cosas, pues este suele creer que con abrir sus ojos es suficiente para ver lo mismo que otros observan y se imagina que oyendo los sonidos de las cosas escucha lo mismo que el que tiene más experiencia, y se hace la ilusión de que percibir y conocer es la misma cosa, imaginando con su ingenuidad que sus sentidos están completamente desarrollados cuando apenas los está aprendiendo a usar.

89 Y muchos así suelen dejarse, sin darse cuenta nunca de que solo se figuran el saber equilibrarse porque caminan de pie sin que nunca realmente hayan practicado las maneras del equilibrio en las distintas formas posibles del tiempo y el espacio, del mismo modo en que se convencen falsamente de que piensan solo porque aparecen relaciones mentales en su cabeza sin que jamás hayan realizado ningún esfuerzo real para aprender a pensar y a usar su mente.

90 Por eso se dice con inteligencia que los sentidos nuevos deben perfeccionarse a fin de captar la mayor cantidad posible de información con eficiencia; de otro modo, se es una presa fácil de mentirosos y manipuladores, pues, por ejemplo, entre los materiales no se distinguen a primera vista las calidades ni las cualidades de las maderas, las piedras, los cristales o los metales, ni es posible que a la primera escucha se tenga una conciencia acústica de los sonidos, ni que al primer contacto se pueda identificar minuciosamente lo que se halla próximo a la piel.

91 Pues tal es la naturaleza de los sentidos, que cuanto más se maduran y contemplan, de mejor manera se pueden emplear y de más detalles y con mayor precisión se puede disfrutar de ellos, que si se dejan de ejercitar y practicar o no se usan y enfocan, se entorpecen; que cuando son nuevos son inexpertos e ingenuos y que cuando son viejos tienden a debilitarse y desvanecerse porque los órganos de que estos dependen son iguales a y siguen el mismo destino que las plantas, las flores y las frutas.

92 Sin embargo, esto en ningún sentido quiere decir que con los sentidos cada cual pueda percibir cosas distintas, ni que lo que se conoce por ellos sea diferente para cada uno; tampoco se puede que lo percibido sea subjetivo, único o especial, ni que la información proporcionada por los objetos, hechos o seres sea diversa entre los individuos que la reciben y captan.

93 Lo que se dice en esta reflexión es que las cantidades de las cualidades o propiedades son menos o son más percibidas, aunque siempre presentes, pero nunca y en ningún sentido distintas o diferentes, porque estas son limitadas y nadie puede percibir lo que no está ni más de lo que hay en cada cosa o relación de cosas, y es por esto que de quien más información percibe en los objetos, hechos y seres se dice que es más sensible, mientras que, por el contrario, la torpeza, la ignorancia, la ingenuidad, la bestialidad y la brutalidad, son compañeras inseparables de la insensibilidad.

94 Lo anterior es así porque las puertas de los sentidos tienen llaves (claves) de reacciones químicas atómicas únicas, finitas y determinadas; los olores, por ejemplo, no son propiedad del sujeto que huele, son consecuencia de las moléculas y átomos que conforman los vapores que este con su nariz respira; lo mismo sucede con los sabores que prueba: no vienen de su interior ni son producidos por su cuerpo, sino que están dictados por combinaciones de elementos microscópicos externos bien organizados y configurados que luego con su paladar discierne.

95 El sujeto como individuo personal y subjetivo, entonces, no tiene cabida entre la relación biológica de los órganos que perciben y los objetos químicos y físicos que producen la percepción, los cuales son procesos autónomos en todos los animales y seres vivos, y si acaso el humano tiene un lugar en este proceso; es tan solo en la (falsa) representación que con aquello este se hace de sí mismo y del mundo.

96 En consecuencia, al tacto como a la vista no se les escapa distinguir la forma, lo grande de lo pequeño, de los estímulos el lugar y la ubicación, la dirección del movimiento y su velocidad, cada cual según su propia proporción: el primero más a la distancia, el segundo más en lo contiguo al cuerpo, pero invariable en las sensaciones humanas.

97 Otra similitud general más amplia también se presenta entre el oído, la vista, el tacto y el olfato; el registro de tonos, la percepción de localidad y su alcance espacial se hallan siempre en ellos presentes. Estos cuatro, a diferencia de los otros sentidos que se realizan adheridos al cuerpo, se expanden lejos del individuo; y su captación es, por ello y en primera instancia, una relación de cantidad por la proximidad.

98 Así, la naturaleza de los sentidos es de tal modo general que nos permite saber que todos son, en su diversidad y diferencia, partes de un mismo conjunto y de un todo; sin embargo, cada uno tiene su propia necesidad específica, la que determina su esencia y sin la cual no pueden ser. Por esto es cierto que la vista necesita de la luz como el oído, la elasticidad y vibración del aire, y porque el mundo se construye con y para los sentidos, también lo es que: el humano, además de estar constituido por sus necesidades vitales, lo está a su vez por las necesidades sensoriales.

99 El tacto con su piel, es sensible a la misma información que el gusto, la vista y el oído, capaz de conocer las formas y las temperaturas, incluso del color; también puede, como los otros, saborear, oír y distinguir (con excepción del olor) de una manera más suave todo tipo de sensaciones y, por esta cualidad, en muchos idiomas humanos genera un paralelismo o sinónimia.

100 Así es como se dice, no exclusivamente, que con el sentido del tacto sentimos, pues el idioma de manera general no está hecho para relatar la completitud lógica de la realidad, y por eso también llamamos sentir a la compleja unidad que viene de usar todos los sentidos, pues la función más natural y general de estos es sentir.

101 Pero hay otra palabra más precisa para ello, percibir, un poco más técnica que el íntimo y casi autónomo sentir, ya que la percepción señala que el sentido es una interfaz entre lo que produce la sensación por la propia emisión de su información y el órgano receptor de esa información.

102 Sin embargo, según las palabras similares y lejos de los hechos inconfundibles, también los sentimientos se sienten y suele extenderse la misma noción hasta las emociones que también son sentidas en grado sumo.

103 A pesar de eso, el sentir emociones, sentimientos y sensaciones sigue siendo y es siempre el sentir las formas, aun cuando los orígenes de esas formas provengan de fuentes diversas a aquellas de donde los sentidos obtienen las propias.

104 El estudio de cómo esas formas afectan y modifican a quienes les ocurren o les sufren es la ciencia de la estética, pues este estudio se concentra en conocer el conjunto de las maneras, los modos y sus relaciones con los objetos, hechos y seres en las que estas se producen.

105 En la gramática las percepciones de los sentidos causan e introducen tanto los adjetivos como tambien los adverbios, las preposiciones y las conjunciones, pero no los sustantivos ni los verbos o acciones que son pertenencia única de la mente, pues estos, los sentidos, describen las propiedades, cualidades y afecciones circunstanciales y accidentales de las cosas, diferentes de la esencia permanente que da el ser a lo que es invariable en el tiempo, y razón por la que con los nombres sustantivos de los objetos, hechos y seres son llamados inequívocamente por lo que son y con los verbos por lo que hacen.

106 Sin embargo, para hacer entrar en el discurso la verdad total, hay que dejar abierta la puerta mística de la poesía, la única capaz de mostrar lo oculto en el habla, pues solo así puede entenderse que:

107 Todos los sentidos ven aun sin ojos, todos tocan, acarician y sostienen sin manos ni piel, ni uno solo hay que no cante guardando silencio, ninguno que no grite cuando hay dolor y pena, ninguno es ciego, sordo o mudo, y no existe aquel que no recuerde, retenga o aprenda; cada uno sufre la terrible mañana y todos gozan la tarde serena.