-1200 | Enûma Elish | Desde las alturas

Actualizado: abr 25

⋅ Caos Primordial ⋅



Cuando en lo alto el cielo no había sido nombrado y en lo bajo la tierra no había sido mencionada, del Abismo y la Impetuosidad se mezclaron las aguas.


Ni los dioses, ni las marismas, ni los juncales existían.


En ese caos fueron engendradas dos serpientes que durante mucho tiempo crecieron en tamaño, dando lugar a los horizontes marinos y terrestres.


Ellos separaron los espacios, ellos fueron los límites de los cielos y la tierra.


De esos límites nacieron los grandes dioses que se fueron agrupando en distintas partes de lo que era el mundo.


Y estas divinidades siguieron engendrando, perturbando así a los grandes formadores del caos original.


Entonces, el abismal Apsu se dirigió a su esposa Tiamat, madre de las aguas oceánicas y le dijo:


"El proceder de los dioses me es insoportable, su jolgorio no me deja dormir, ellos se revuelven por su cuenta siendo que nosotros no hemos fijado ningún destino".


Así habló Apsu a Tiamat, la resplandeciente.


De tal manera fue dicho esto que Tiamat enfurecida se puso a gritar:


"Vamos a destruir a esos revoltosos así podremos dormir".


Y ella estaba rabiosa y se agitaba dando grandes voces.


Fue de ese modo que uno de los dioses, Ea, comprendiendo el designio destructivo extendió sobre las aguas un encantamiento.


Y con él dejó profundamente dormido a Apsu (tal era su deseo), atándolo con cadenas.


Finalmente lo mató, desgarró su cuerpo y sobre él estableció su morada.


Allí vivió Ea con su esposa Damkina hasta que de esa unión nació Marduk.


El corazón de Ea se exaltó al ver la perfección de su hijo, rematada por su doble cabeza divina.


La voz del niño ardía en llamaradas, mientras sus cuatro ojos y sus cuatro oídos escudriñaban todas las cosas.


Su cuerpo enorme y sus miembros incomprensibles estaban bañados por un fulgor que era fuerte en extremo cuando los relámpagos se arremolinaban sobre él.


Mientras Marduk crecía y ordenaba el mundo, algunos dioses se acercaron a Tiamat a recriminarle su falta de valor diciéndole:


"Mataron a tu consorte y te quedaste callada y ahora tampoco nosotros podemos descansar.


Te convertirás en nuestra fuerza vengadora y nosotros caminaremos a tu lado e iremos al combate".


Así gruñían y se amontonaban alrededor de Tiamat, hasta que ella cavilando sin cesar decidió por fin modelar armas para sus dioses.


Rabiosa creó a los monstruos-serpientes de garras venenosas; a los montruos-tempestad; a los hombres-escorpiones; a los leones-demonios; a los centauros y a los dragones voladores.


Once monstruos irresistibles creó Tiamat y luego de entre sus dioses elevó a Qingu y lo designó jefe de su ejército.


Ella exaltó a Qingu y lo constituyó en jefe de ellos, para ir el primero delante del ejército, para dirigir la tropa, para llevar las armas y desencadenar el ataque, llevando la dirección suprema en el combate.


Ella los confió a sus manos cuando le hizo sentarse en la asamblea:


"¡Yo he pronunciado en favor tuyo el conjuro, exaltándote en la asamblea de los dioses, y te he dado todo poder para dirigir a todos los dioses!


¡Tú eres magnífico, mi único esposo eres tú!


¡Que los Anunnaki exalten tu nombre por encima de todos ellos!


"Ella le dio las Tabletas del Destino, y las sujetó a su cuello: "


¡En cuanto a ti, tu mandato no cambiará, permanecerá la palabra de tu boca!


"Pero Ea, al conocer nuevamente los perversos designios buscó ayuda en otros dioses y proclamó:"


Tiamat, nuestra engendradora, nos aborrece.


Ha puesto a su alrededor y en contra nuestro a los terribles Anunnaki.


Ha enfrentado a la mitad de los dioses con la otra mitad ¿cómo podremos hacerla desistir?


Pido que los Igigi se reúnan en consejo y resuelvan".


Y así se concentraron las muchas generaciones de Igigi, pero nadie pudo resolver la cuestión.


Cuando pasado el tiempo ni emisarios ni valientes pudieron cambiar los designios de Tiamat, el anciano Anshar se levantó pidiendo por Marduk.


Entonces Ea fue hasta su hijo y le rogó que prestara ayuda a los dioses.


Pero Marduk replicó que en tal caso habría de ser elevado como jefe.


Eso dijo Marduk y fue hacia el consejo.


Comieron pan festivo y tomaron vino; mojaron sus copas de beber con el dulce licor.


Cuando habían terminado la fuerte bebida, sus cuerpos se hincharon; empezaron a gritar, cuando se exaltó su corazón y para Marduk, el vengador de ellos, fijaron el destino.


Prepararon para él un trono principesco; en presencia de sus padres se sentó presidiendo...


"... ¡Oh Marduk, tú eres realmente nuestro vengador!


Te hemos otorgado la soberanía sobre todo el universo.


Cuando te sientes en la asamblea tu palabra será suprema.


¡Tus armas no fracasarán: aplastarás a tus enemigos!


¡Oh Señor, protege la vida del que confía en ti; pero derrama la vida del dios que ha concebido el mal!"


Colocaron en medio de ellos un vestido, y dirigieron a Marduk, el primogénito de ellos, la palabra:


"¡Señor, tu destino es el primero entre los dioses!


Decide arruinar o crear, habla y así será:


Abre la boca, y el vestido desaparecerá; habla de nuevo y el vestido se volverá intacto.


"(En efecto), habló con su boca y el vestido desapareció, habló de nuevo y el vestido quedó restaurado.


Cuando los dioses, sus padres, vieron la eficacia de su palabra, se alegraron y rindieron homenaje:


"¡Marduk es rey!".


Le entregaron el cetro, el trono y el palu; y le dieron el arma sin rival, que rechaza a los enemigos:"


Vete y quita la vida a Tiamat; ¡que los vientos lleven su sangre a lugares secretos!


"El señor hizo un arco y lo colgó con su carcaj a su lado.


Hizo una red para atrapar a Tiamat.


Levantó la maza y puso en su frente el relámpago al tiempo que su cuerpo se llenó de fuego.


Luego detuvo a los vientos para que nada de Tiamat pudiera escapar, pero creó los huracanes e hizo surgir la tormenta diluvial, al tiempo que montó en el carro-tempestad.


A él unció la cuádriga de nombres terroríficos y como el rayo enfiló hacia Tiamat.


Esta en su mano sostenía una planta que expulsaba veneno, pero el Señor se acercó para escudriñar en su interior y percibir las intenciones de los Anunnaki y de Qingu.-


¿Es que eres tan importante para elevarte por encima mío como supremo dios?- bramó rabiosa Tiamat.-


Tú te has exaltado altamente y has elevado a Qingu como poder ilegítimo.


Tú odias a tus hijos y les procuras el mal.


¡Ahora en pié y choquemos en combate! - respondió Marduk, al tiempo que los dioses afilaban sus armas.


Tiamat conjuró y recitó sus fórmulas, y los dioses salieron a la lucha.


Entonces, el Señor arrojó su red y la terrible Tiamat abrió su enorme boca.


En el momento, aquel soltó los huracanes que penetraron en ella y lanzó la flecha que atravesó su vientre.


Después se hizo cargo de sus oscuras entrañas hasta dejarla sin vida.


El horrible ejército se desbandó y en confusión las afiladas armas fueron destrozadas.


Ceñidos en la red, los prisioneros fueron arrojados a las celdas de los espacios subterráneos.


El soberbio Qingu fue despojado de las Tabletas del Destino, que no le pertenecían, y encarcelado también con los Anunnaki.


Así, las once criaturas, que había creado Tiamat, fueron convertidos en estatuas para que nunca se olvidara el triunfo de Marduk.


Luego de reforzar la prisión de sus enemigos y de sellar y sujetar a su pecho las Tabletas del Destino, el Señor volvió sobre el cuerpo de Tiamat.


Despiadadamente aplastó su cráneo con la maza, separó los conductos de su sangre, que el huracán llevó a lugares secretos, y al ver la carne monstruosa concibió ideas artísticas.


Así es que cortó a lo largo el cadáver como si fuera un pescado, levantando a una sus partes hasta lo alto del cielo.


Allí la encerró y colocó un guardián para que impidiera la salida de las aguas.


Luego atravesando los espacios inspeccionó las regiones y midiendo el abismo estableció su morada sobre él.


Así creó los cielos y la tierra y estableció sus límites.


Entonces, construyó casas para los dioses iluminándolas con estrellas.


Después de hacer el año, determinó en él doce meses por medio de sus figuras.


A estas las dividió hasta precisar los días.


A los costados reforzó los cerrojos de izquierda y de derecha, poniendo entre ambos el zenit.


Destacó a Samash la partición del día y la noche y puso la brillante estrella de su arco para mirada de todos.


Encargó a Nebiru la división de las dos secciones celestes al norte y al sur.


En medio de la oscuridad encomendó a Sin iluminar, ordenando los días y las noches.


"Cada mes, sin cesar, le darás la forma de una corona.


Al principio del mes para brillar sobre el país tú mostrarás los cuernos para determinar seis días; al día séptimo serás media corona.


Al día catorce te pondrás de frente al sol.


A medio mes, cuando el sol te alcance en la base de los cielos, disminuye tu corona y haz menguar la luz.


Y desaparecerás aproxímate al curso del sol.


En el día veintinueve te pondrás de nuevo en oposición al sol".


Después, volviéndose hacia Tiamat, tomó su saliva y con ella formó las nubes.


Con su cabeza produjo los montes y de sus ojos hizo fluir el Tigris y el Eufrates.


Finalmente, de sus ubres creó las grandes montañas y perforó los manantiales para que los pozos dieran agua.


Finalmente, Marduk solidificó el suelo levantando su lujosa morada y su templo, ofreciéndolos a los dioses para que se alojaran allí cuando concurrieran a las asambleas en las que debían fijar los destinos del mundo.


Por consiguiente, a estas construcciones les llamó "Babilonia", que quiere decir "la casa de los grandes dioses".


Al terminar su obra el Señor fue exaltado por los dioses y entonces como reconocimiento a ellos dijo:


"Voy a amasar mi sangre y formar huesos.


Voy a suscitar un hombre... que se encargue del culto de los dioses, para que puedan estar a gusto.


Yo transformaré astutamente los caminos de los dioses.


Y aunque reverenciados por igual se dividirán en dos grupos".


Le respondió Ea, dirigiéndole una palabra para contarle un plan que aliviara a los dioses:


"que uno de sus hermanos sea entregado; él solo perecerá para que la humanidad pueda ser modelada.


Que los grandes dioses estén aquí en la asamblea; que el culpable sea entregado para que ellos puedan permanecer".


Marduk hizo traer a los Anunnaki cautivos y les preguntó, bajo juramento, acerca del culpable de la insurrección prometiendo la vida a quienes declararan la verdad.


Entonces los dioses acusaron a Qingu.


"Fue Qingu el que planeó la insurrección e hizo a Tiamat rebelde y dio la batalla".


Le ataron, sujetándole delante de Ea.


Le pidieron cuenta de su culpa y separaron su sangre.


Con su sangre modelaron la humanidad.


Ea obligó a aceptar el servicio, y dejó libres a los dioses.


Después Ea, el sabio, creó a la humanidad; e impuso sobre ella el servicio de los dioses.


Esta obra fue incomprensible.


Y así el Señor dejó libres a los dioses y los dividió en trescientos arriba y trescientos abajo constituyéndolos en guardianes del mundo.


Agradecidos los Anunnaki edificaron un santuario y elevaron la cima del Esagila y luego de haber alzado una torre con gradas establecieron en ella una nueva morada para Marduk.


Cuando los grandes dioses se hubieron reunido exaltaron el destino de Marduk y se inclinaron hacia abajo, pronunciando en medio de ellos una maldición, jurando por el agua y el aceite poner la vida en peligro.


“... Que los 'cabezas negras' esperen en sus dioses.


En cuanto a nosotros, aunque se le pueda llamar (a Marduk) con muchos nombres, ¡él es nuestro dios! Proclamemos, pues, sus cincuenta nombres".


Y las estrellas brillaron y todos los seres creados por los dioses se alegraron.


Así fue como la humanidad se reconoció en el Señor.


Por ello, que haya memoria de todo lo ocurrido.


Que los hijos aprendan de sus padres esta enseñanza.


Que los sabios escudriñen el sentido de El canto de Marduk que venció a Tiamat y logró el reinado.

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