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Actualizado: abr 7


Ziffero


PRÓLOGO.


Al fin de las letras, me llamaron: Francisco Saúl González Munguía, un nombre x, una mera ocurrencia del amo, uno cualquiera, ordinario, seleccionado aleatoriamente y sin ningún sentido pues, nadie me conoce, no tengo padre, no provengo de ninguna familia, no hice amigos y no me reproduzco en descendencia.


Es el inicio del año 2021 de la nueva era, caí entre los siglos XX y XXI, tengo 37 años, no sé leer, no sé escribir y tampoco aprendí a hablar.


Me hallo aquí como un accidente, tan solo como el resultado de uno de los muchos crímenes que mi progenitor cometió a mi madre.


Nací en el centro de lo que alguna vez creyeron “el nuevo mundo”, en el año 1983, con el único propósito de morir día y noche, en un escaso fragmento de ceniza donde ya no queda nada, donde los humanos civilizados llevan mucho tiempo quemándolo todo y a todos con su flamante cultura, ahora, mi mente no es más que humo, mi cuerpo, un muerto carbón, y mis huesos, apenas una miserable pizca de sal.


Hoy ya no estoy dentro de mí, me encuentro alejado del lugar que habito, mi pensamiento es una sencilla contradicción, mi sueño, un constante hueco, un agujero, un hoyo infinito.


No soy, nulo es mi significado, un cadáver simple y desmembrado, un fruto podrido, un mar deshidratado.


Soy el desecho sucio de un niño violado, el deseo roto de un loco aislado, el tiempo perdido en el reloj destrozado, el fango en el fondo de un turbio pantano, la suerte de un feto deforme y malsano.


Desconozco la verdadera vida, el brillo del futuro, el placer del descanso, soy la inundación del padecer, una infección, la traición, lo profano.


Soy basura, esclavo de monstruos, estiércol de monos, saliva de ratas, alimento de gusanos, soy la peste en el asco del estómago al volver, la mancha huella del cuero tieso de una chinche aplastada, menos aún que la picazón en el orto de un cerdo descuartizado y sin piel.


Un tonto que en vano se esfuerza el mundo en componer sin poder encontrar un lugar en la tierra donde el dolor me pueda perder.


Sin lograr soltar del cuello el puño que la angustia por siempre aprieta, melancolía, un cáncer del cielo, un negro y amargo trago de hiel, una triste sombra oscura erguida con sed.


Hoy mi muerte está más cerca, pronto el silencio sobre mí va a proceder y son estos los pensamientos de los que el mundo entonces va a carecer.


Voy a dejarlos ordenados, por ahora en el virtual digital papel, y ya que a nadie le importa, comenzaré primero diciendo los números de tal obra, pero no la enunciaré como un libro corriente, no como un escritor, no como el hombre y jamás como la gente, si no como lo que soy, una catástrofe del mundo ocurriendo de manera simultánea, y así lo labraré en el dorso de lo evidente, puesto que soy yo el apocalipsis sin tiempo, el vacío sin espacio, soy nadie, soy cero, soy nada.


0 · 1 · 2 · 3 · 5 · 7 · ∞



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Clepsammias de Memoria


0


Recuerdo mi primer recuerdo, asfixia por inmersión en un brebaje falaz consagrado al cóncavo de piedra encantado en el que sucumbe la desventurada fe de los brutos y los necios.


Un desconocido me sostiene precipitando la turbia emulsión desde mis espaldas al tiempo que la conciencia, el miedo, las lágrimas y el precipicio de la muerte me sumergen.


Un ritual lucífero donde muchos que observan pasivamente y hasta con alegría contemplan engañados y dichosos la tortura del más débil bajo el remedo mal logrado del arco divino.


Un acto maligno sin ningún objetivo mayor que demostrarme la clase de presa que soy, el juguete del mundo que estoy, un incapaz bendecido, un condenado santificado, el impotente en un bautismo, el sacrificado en una iglesia por diversión, el dios enjaulado por los animales de lo establecido, un bebe en el olvido, el cebo más indefenso de la católica religión.


1


Recuerdo también que en ocasiones recuerdo los recuerdos de mi madre, cumplido el año o quizá un tiempo antes, un hombre que nunca me miro en días se apareció para abusar violentamente el sexo en el álveo de mi cause.

Vivimos con mi fuente tres, desvalidos, hambrientos y chillantes, entre muros superpuestos e inseguros con peligro colapsante, bajo un frágil techo de papel comprimido en un color roído escalofriante.


Y aun cuando ella fuera del ataúd a dos de tres nos ponía, cuando esto sucedía, yo escuchaba, yo sabía, yo sentía, el diablo que golpeaba, la bestia que nos azotaba, el monstruo que nos tenía, la humillación de ella siempre susurrante.


2


Y en un segundo me vi y miré, piedra y tierra ante mis ojos se habrían, nuestra madriguera descompuesta por desconocidos se dispersaba, el macho, nuestro captor, el lugar había vendido sin decirle a mamá nada, en una misma mañana nos despojaron, corrieron y echaron, huimos entonces por el camino de la calamidad, la angustia y el horror tenebroso, sin pensar adonde, sin saber por qué, sin conocer por cuánto.


3


Fue entonces que a la cuenta de tres me sorprendí sólo, sobre el duro concreto de la calle en mi tercer y medio año y me halle ya como soy hoy cuando estoy llorando, pues ahora de nuevo habitábamos los tres y madre, con otro bárbaro, en otro haber y sufriendo tanto.


Pero el contenido de esta ampolla sobre el tiempo ya se había solidificado, le llaman costumbre, recurrencia, lo cotidiano y tal vez por ello fue que mi dolor finalmente se posó en lo extraño.

Por esa avenida cientos de hombres iban y venían pesados sobre el sucio asfalto, por supuesto para mí, las personas ya entonces eran sinónimo de lo nefasto, pero para esta vez, mi psique yacía rota, mi pecho comprimido y mi sentir en constante quebranto, pero fue mi vista la que encontró a mis pies simpatía por una ínfima vida que en mi naturaleza grabo la tristeza para siempre con un estruendoso impacto.


A mis pies, una diminuta hormiga que con esfuerzo tira de pan una miga, en un continuo hilo de sus semejantes que avanzan sin más alimento, protegiéndola, como si de un líquido concentrado en su inteligente labor se tratara, y yo, que les observo con detenimiento a unos escasos centímetros en mi infantil distancia sigo, anonadado y con sigilo su camino, al tiempo, comprendo de que se trata su peligrosa travesía que en riesgo pone la vida de todo el conjunto que no me advierte, y yo, consciente de la vida, sabiendo lo complicado y difícil que es conseguir la diaria comida, que algunos días habrá y que otros no, tal como ha ocurrido siempre en mi casa, me alarmo ante el vertiginoso caminar de los imbéciles que se aproximan.


Agobiado, no hallo manera de advertirle al delgado fluido de partículas negras de la inefable muerte que se avecina bajo los zapatos sucios de las enormes bestias estúpidas que, ni siquiera, son capaces de mirar donde ponen sus asquerosas patas; comienzo entonces desesperado a plañir la tragedia que mi alma por primera vez presencia asustado y lleno de rabia al no poder detenerla.


Al momento y por un segundo todos se paralizan, se acercan a mí con los que vivo y no, mi madre apurada se habré paso para venir y preguntar lo que me sucede; entre lágrimas explico: ¡Es qué nadie hace nada por las hormigas, no las ven, no les importan! ¡Ellas sólo están trabajando para vivir como todos nosotros y es injusto que los humanos pasen sobre ellas como si no existieran! ¿Qué les cuesta saltarlas? ¿Por qué las pisan? ¿Por qué las aplastan?


En ese momento los demás siguen caminado sobre sus diminutos cuerpos obscuros, como si hubiera dicho algo malo, algunos se ríen, otros me miran acusándome en reproche, como si fuera un tonto que les ha privado de precioso tiempo, y casi todos intentan dejarme una enseñanza haciendo lo posible para destrozar con sus pesuñas aquello que ha desatado mi llanto.


No lo comprendo, me pareció tan obvio y evidente que los otros al descubrirlas menores, débiles y desprotegidas como yo, harían todo lo posible para preservarlas, respetarlas y evitarlas en el mejor de los casos, pero no fue así, en lugar de ello instantáneamente yo pase a ocupar el lugar del imbécil, mientras mi madre me consoló con las mismas palabra huecas que todas las mamás del mundo les dicen siempre a los niños: No llores hijo, no pasa nada, no sufras por tonterías, así es la vida y no hay nada que podamos hacer.


Supe entonces que lo inteligente y sencillo en un niño causa vergüenza a los que le crían, incomodidad a los que le desprecian y riza a los que nada importa, luego, por fin lo comprendí y grabe para siempre en mi memoria: Los humanos son los que pisan, destruyen y matan todo aquello que este a su paso, no importa si está vivo o muerto, no importa si trabaja o le cuesta el mismo esfuerzo que a ellos la existencia, los humanos pasaran siempre sobre todo lo que es más pequeño e incluso, si les es permitido, también arrasarán con lo que es más grande, pero sobre todo, si con ello causan dolor innecesario, pues su esencia es lastimar, dañar y fracturar todo lo inteligente y todo lo bueno pero además, nadie, ni tú debes señalarlo nunca, salvo que estés dispuesto a ocupar el asiento del insensato o el ropaje del idiota.


Este es el verdadero comienzo de mi pena, este es el origen de todos mis desacuerdos con las personas, este es el momento irreversible en el que los humanos y yo nos separamos para siempre perdiendo con ello toda esperanza de reconciliación, desde entonces se engendró nuestra guerra y lamento mucho decirlo, todas las batallas son suyas, ellos y ellas siempre ganan, por eso es que estoy destruido, por ello vivo devastado, por ello es que los otros me hacen desgraciado, y es a causa de ello también que se ensañan conmigo aun sin saber quién soy, por eso me atacan el cuerpo, me hieren la mente y me mutilan el espíritu todo el tiempo todos los tiempos, y por esto sé que nunca habrá entre nosotros posibilidad de comprensión ninguna.


En rigor de esto es que siempre he sabido que fuimos somos y seremos diferentes, mi distinción de lo bueno, de lo bello y de lo verdadero en nada coincide con la que radica en la deficiente conciencia humana, en mí, una planta, un insecto, un hongo e incluso un cristal, una piedra o un grano de arena cualquiera es igual, sino es que más, mejor y más valioso que un torpe humano y es esta sutil distinción la que desde entonces me dejo claro quién soy y qué hago aquí, soy tu enemigo, el enemigo del hombre, de lo humano, de todos, y esta razón constituirá para siempre mi dicha y mi desgracia, sin poder elegir escapar ninguno a nuestra terrible continuación pues esta antipódica existencia es el sino intrínseco entre lo diabólico y lo divino.

Y como era de esperarse, según el dictado del defecto más superficial del hombre a su portador, y aun cuando yo fuese sólo un niño, la carencia absoluta de paciencia cobraría de manera inmediata mi aguda observación, haciéndome pagar con ultraje y humillación la unión que me sublima a la naturaleza que ustedes se afanan en destruir.


5


El primogénito de mi madre me penetra el ano con su pene, lo consigue usando la técnica más antigua que el humano conoce para relacionarse con sus semejantes, el engaño, no solo abusa de mí cuerpo, también de la ingenuidad de nuestra progenitora, la situación es tan común que sobra mencionarla, el marco basta para imaginarse la atrocidad del hecho, familia en condición de pobreza extrema, falta de atención por parte de los tutores, la presa y su depredador son confinados al mismo baño para su aseo personal, él es tres años mayor, con un cuerpo tres años mayor y con una mente y maldad tres años mayor, durante algún tiempo fue confinado a un internado para su educación debido a nuestra miserable situación y todo el mundo sabe, o debería saber, cual es la base del aprendizaje real, sexual, en un claustro masculino, violar a sus semejantes es apenas la primera letra del alfabeto.


De este sujeto, como de cualquier otro, no guardo ni un sólo buen recuerdo, me atrevo a afirmar que también violo a mi hermana aun cuando no presencié la introducción, la cual tampoco es la única forma de sexual violación, el acoso, la intimidación y el aprovechamiento de su posición congénita y avanzada experiencia son las mininas que este perverso nos impuso durante largo tiempo.


Desde entonces me siento enojado, burlado, usado y aprisionado dentro de mí, antes de eso ya reconocía la bueno y lo malo, pero solo entonces supe que lo malo era habitar dentro de mí, ser yo.


Nunca me atreví a decirlo a mi madre por mi madre y nunca se lo dije a nadie por mí, pero si nunca nadie lo supo no fue ni por mi madre ni por mí, sino por todos los otros, por ustedes, por su educación y su cultura, donde hasta sufrir la pobreza a manos de los criminales debe ser escondido y vergonzoso.


Pero este no es sino el exordio, en la misma temporada otro echo paralelo y de la misma índole comenzó a devorar mí mente, me percate de nuestra infrahumana condición vital en su infierno de rentas y alquileres, me di cuenta de que no solo el hambre nos perseguía si no que, por si esto fuera poco, hasta para vivir en la desgracia debías de pagarle a alguien con tu existencia y lo peor fue que para cuando eso sucedido yo ya está atrasado con diez meses, ese mismo año me presentaron la explotación esclavista de su sistema económico y me casaron con ella, descubrí así mi quinto año en la tierra y ya en aquel entonces me acostaba cada luna en el suelo frío, angustiado e inundado de problemas.


7


Un hombre armado con una pistola en su mano derecha efectúa un segundo disparo a quemarropa para callarme, mientras con su izquierda sujeta a mi madre por el cabello de la nuca, tirándola para arrastrarla salvajemente sobre la maleza que velozmente obscurece su entorno sobre la noche, su intención es quebrarme y violarla ferozmente antes de asesinarla , mi mamá me grita que corra, pero yo no puedo alejarme más de siete metros, mis pies se petrifican, mi conciencia no me deja partir y mi alma se obliga a observar.


Lloro y grito por mi madre hasta desgarrarme la garganta, siento que ya estoy donde la muerte, pienso que ya soy de la muerte, sé que la muerte ya soy, la escuché al rugir las balas, la miré brillante salir del cañón, me tomo con ella, me abrazo completo y hasta los huesos con su lengua me beso.


Locura vino a mi encuentro ocupando el lugar de Miseria, me abrió los ojos y me hizo mirarle fijamente, queda fue acercando un galopar constante, agrego luego un instante en el que, a siete pasos, revelo un jinete entre las tinieblas, cabalgaba un caballo blanco el cual relinchaba levantando con furia sus pies de hierro contra el cruel que disparaba por tercera vez buscando el pecho de la brillante imagen que nos defendida.


Mi madre liberada se proyecta alcanzándome para ambos correr despavoridos el camino de tierra que entre huertos obscuros nos conduciría al nuevo día, pero antes que el epílogo conociera aquella noche, Locura me dejo al cuidado de su pequeña niña, Melancolía, pues Muerte anido velozmente en mi corazón para evitar que se desangrara y sello con indescifrable nudo mi garganta para que su negro humo no se desvaneciera en el fuego que comenzó ahí a escapar involuntario de mi cerebro a mi boca, reminiscencia clara de mi aniversario séptimo en su compañía inquieta y palpitante en cada ciclo nublado de dolorosa respiración.



Recuerdo mi último recuero nuevo retenido por mí memoria, desde entonces mi diario ocurre sin masiva variación, los humanos me hicieron esclavo de mis propias necesidades, me enjaularon condicionando mi libertad por mi hambre, mi salud por mi inteligencia, mi voluntad por mi sueño y mi capacidad por mi apariencia.


Me discriminaron en cada oportunidad, me excluyeron de todas sus relaciones y me ocuparon exprimiendo todas mis fuerzas.


Me golpearon, me escupieron e incluso me incendiaron, me degradaron y despreciaron, algunos hipócritas se hicieron mis amigos para robarme, utilizarme o manosearme sádicamente, aprovechar mis cualidades intelectivas, lógicas y racionales, también para que resolviera sus problemas, realizara sus quehaceres o les aportara ganancias sociales.


Sin abuelos, tíos, o primos, sin amistades verdaderas, sin maestros ni alumnos sinceros, sin conocidos ni vecinos honestos, todos los que vinieron a rodearme únicamente buscaban su beneficio, ya por que quisieran lastimarme deliberadamente, ya porque llenos de celos, egoísmo y vanidad intentaban imitarme, copiarme, usurparme, aleccionarme, escarmentarme o repudiarme, o porque creyeran que en algún momento valdría la pena esperar a que triunfara en el mundo académico o profesional y llegara a beneficiarles en algo aquello, al final, todos asistían a mi existencia como sanguijuelas, obstáculos opositores en el desarrollo de las virtudes artísticas, científicas y filosóficas del universo, pero también como sepultureros ninfos y sísifos que con sus propias manos decidieron por su íntimo albedrío no reconocer quien soy e ignorar lo que hablo, en cambio, eligieron rellenar con mis singulares esperanzas el duro sepulcro que como crisálida estrecha me ciñe, para cubrirme con mis siempre nuevas y nacientes ilusiones hasta desaparecer de sus ojos, de sus sentimientos, de sus pensamientos, de sus razones.


Este es el proemio de mi sórdida vida, este el preámbulo de mi lamentable canto, este el terrible comienzo de mi desventura, una amarga existencia, un clamor continuo, una pena sin alivio, un esqueleto craquelado, un tormento sin santo, un espectro, un delirio, un idilio, un vampiro, un espanto.


Por esto en verdad y sin metáfora hoy les digo: por su cifra reconozco sus cuernos y su marca, por sus actos su bestial inversión, por su pensamiento su vicio y personificación, por sus apetitos hijos e hijas son de vileza y malicia engendros, sus cabezas son lo negro de los frutos, enfermedad es su sangre, son lo que huele mal en lo que fue carne, lo que enferma en lo que era alimento, son lo fétido del adán aliento. ¡Los he visto, ustedes son el Caín siniestro!


Aniquilar es la única obra del hombre, corroer el único sentido de lo humano, son desolación, la imperfección, la desventura, pus, calamidad y pánico, la peste, lo insano, son la extinción de la planta, del animal, de la mujer y de su hermano, son demonios y este es su único destino pues son el mal, son la escoria, son tiranos, falsos seres, apáticos gusanos, estultos de monstruos holgazanes obstinados que en el futuro más me odiarán por demostrarlo.


Su adversario.

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